El cierre de FATE no es un dato aislado. Son 920 trabajadoras y trabajadores que se quedan sin empleo, y detrás de cada número hay una familia, una historia, una mesa que se complica justo cuando empiezan las clases.
En un país donde el consumo cae, la industria se frena y las importaciones entran sin regulación, las consecuencias no son abstractas: son concretas y duelen en el territorio. En el conurbano, en cada barrio, cuando una fábrica cierra no solo se pierden puestos de trabajo; se resiente el comercio local, se debilita la comunidad y se profundiza la incertidumbre.
El gobierno de Javier Milei habla de equilibrio macroeconómico, pero la macro no puede sostenerse sobre la angustia de miles. La industria nacional no es un eslogan: es empleo argentino, es desarrollo, es soberanía productiva.
Frente a esto, el debate no puede ser resignación o ajuste eterno. Tiene que ser qué modelo productivo queremos: uno que cuide el trabajo argentino o uno que lo descarte.
Queremos a Cristina. Queremos una Argentina que cuide el trabajo y a las familias
Mayra Mendoza





