Concejal cuestiona ordenanza que prohíbe la circulación de los carritos a caballo en Quilmes
A 24 hs de una marcha de carritos que paralizó el tránsito en el microcentro quilmeño en contra de la ordenanza aprobada por el oficialismo, Susi Paz difundió su rechazo a la iniciativa.
A 24 horas de una marcha de carritos que paralizó el tránsito en el microcentro quilmeño en contra de la ordenanza aprobada por el oficialismo, Susi Paz difundió su rechazo a la iniciativa: “Sin más, prohíbe la tracción a sangre en todo el distrito. Impone una norma que no brinda alternativas viables. La vergonzosa delimitación de horas y circuitos, ambos tendientes a la invisibilización cada vez mayor, a partir de la marginación urbana y horaria, de los carreros.
Tras una confusa descripción de áreas, secretarías, dependencias, programas, etc., se brinda como alternativa la sustitución de carros y caballos por “zootropos”. Sin embargo, no especifica cómo serán financiados estos por quienes apenas disponen de un carro y un caballo, que viven al día de lo que apenas juntan, de cómo harán, en definitiva, para sostener económicamente vehículos que insumen más que comida y agua, con refacciones, seguros, patentes, etc.
Desconoce totalmente la realidad de los carreros. En primer lugar, porque toda la familia sobrevive juntando en forma conjunta los desechos “utilizables”, siendo indistintamente mayores o menores. A su vez, difícilmente hayan conducido en algún momento vehículo alguno. Entonces, ¿cómo accederán a la credencial municipal para circular con motos, camionetas o camiones?, y ¿cuántos de ellos tienen más de 18 años?
El artículo 6 dispone que los gastos sean a cuenta del Estado Municipal. Ahora bien, ¿de qué partida se utilizarán esos cargos? Podría salir perfectamente de las partidas de Desarrollo Social, de Salud, de Tránsito, de Educación, o de todas ellas juntas, en virtud de todas las áreas implicadas en dicha ordenanza. Se pretende solucionar, como otras veces, un problema estructural, con parches coyunturales.
Permite la tracción a sangre (que prohibía en el artículo 1) solo para “fines turísticos, tradicionalistas y/o sociales”, a la vez que las “herraduras en mal estado”. Aquellos que utilizan la tracción a sangre para trabajar, apenas tienen ingresos para sí. ¿Podrán entonces adquirir mejores herraduras para ofrecer estos “servicios”?. A su vez, los fines descritos no son particularmente “masivos”, sino que son utilizados, principalmente, por aquellos que lo ven como una cuestión pintoresca, arrogante y tradicionalista. Los que viven sobre el caballo para sobrevivir no lo ven como una cuestión extraordinaria, sino, antes bien, como una necesidad para su propia vida. Y si se casan dando una vuelta sobre el carro es para seguir recolectando esas míseras sobras: para ellos no existe luna de miel, paseo a la luz de la luna, u otras cuestiones: trabajan, todos los días, para apenas comer, y no tienen la oportunidad de “pagar” para dar un paseo en un carro pintoresco tirado por un chofer. Lo tiran ellos mismos, para trabajar.
“Esto es un bien común de una sociedad integradora e igualitaria”, para lo cual habrá que hacer campañas “de concientización, difusión e información”. Lo que no queda claro es qué cosa es un bien común: si el bienestar de los animales, o, en su defecto, de las personas. ¿Sabrá la concejal Dubroca que los pobres, más allá de sus circunstancias, siguen siendo tan humanos como ella, que pertenecen a su misma especie, que aún siendo pobres, tienen sus mismos derechos? ¿Olvida la concejal, que este el gobierno al cual pertenece su bloque es el de los “derechos humanos” y que, como tales, no discriminan por ingresos, sino que son universales?
El artículo 10 plantea las sanciones. Nuevamente, los fondos municipales se destinan, antes que para las personas, para los animales. Se plantea que el Municipio se ocupe de albergarlos, de tratarlos, de prestarles un servicio veterinario… ¿Sabrá la concejal Dubroca las condiciones de vivienda en que se encuentran miles de quilmeños? ¿Sabrá la concejal Dubroca las condiciones en que se encuentran que a diario deben atenderse en salas de primeros auxilios, hospitales, etc.? ¿Habrá tenido en cuenta, que cuando plantea “víctimas de actos de crueldad” se refiere solamente a animales, no contando como “víctimas de actos de crueldad” a los carreros, que son humillados, insultados, marginados?
El artículo 16 plantea la recuperación, atención y tratamiento de los caballos, con un posterior control y bienestar. Parafraseando al dicho, se pone el caballo delante del humano. Se prevén condiciones de vida digna para los equinos, con veterinarios, anotaciones sanitarias, etc., en tanto que, para los que hoy viven de su utilización, no existe ni siquiera lo del control y el bienestar que se les garantiza a los animales.
Peor fue la intervención de los concejales en el recinto. La propia Dubroca menciona, entre muchos desaciertos, que, “en Quilmes algo tenía que cambiar”. De acuerdo. Lo que no cambia en Quilmes, lamentablemente, es la ausencia de la aplicación de la Ley de Minoridad, que la misma concejal nos acusa de desconocer. ¿Será que recién hoy, con apuro, después de unos cuantos años de mayoría, recuerdan que hay niños sobre los carros, que no tienen otra posibilidad que trabajar desde muy pequeños para vivir de las sobras? Los programas de inclusión educativos y sociales, evidentemente, desde su implementación nacional, no han sido debidamente aplicados en Quilmes.
Si las condiciones sociales y económicas, como dice Dubroca, para un “proyecto digno”, se hubieran implementado, no estaríamos discutiendo tal cosa hoy. Estaríamos resolviendo como hacemos más escuelas, y no como sacarle, la única fuente de subsistencia, a los más marginados de la sociedad.
Por último, resulta llamativo que los concejales del PRO y de la UCR, en sus intervenciones en el recinto, le dediquen más tiempo al sufrimiento de los animales que al de las personas. ¿Será, en tal caso, que los animales sí pueden ser víctimas de maltrato y morir por hambre, y no las personas? ¿O solo se horrorizan si pasa en una calle céntrica, y cuando los pobres mueren en sus casillas no tiene importancia?
No estamos en desacuerdo con brindarles trabajo digno a nadie, y menos a quienes desarrollan una de las peores tareas para subsistir. Pero primero tiene que estar la alternativa, para que luego exista la prohibición.
Por último, resultan llamativas ciertas ausencias cuando se trató el tema en el recinto. ¿Será que algunos concejales prefieren pedir helicópteros con ametralladoras para solucionar la pobreza antes que solo invisibilizarlos? ¿Por qué no “bajan” a discutir cuando el tema es la pobreza porque solo tienen como propuesta más cárceles y más balas?
Nuevamente, se puso el caballo por delante del humano”.




