EL ORIGEN DE LA IMPRENTA DE GUTENBERG
“fundir metal, difundir ideas, fundar reconocimiento”
(Por Rocío Lionello*, Estudiante de Prensa de “La Mirada”) Aunque el Renacimiento tuvo su origen en Italia, la imprenta de tipos móviles, que revolucionó el mundo de las ideas, promoviendo la utilización y el afianzamiento de las lenguas nacionales, fue inventada a mediados del siglo XV por el alemán Juan Gutenberg.
Nacido en el 1400 en Maguncia, de padres patricios; el apellido de su padre era Gensfleisch, pero Gutenberg adoptó el de su madre con el fin de que no se perdiera éste, y realmente ha hecho mucho para que este apellido aun no se perdiera con el paso del tiempo, revolucionando la historia de la escritura y transformándose en sinónimo de progreso y comunicación de las ideas y la cultura que hasta aquel entonces se hallaban restringidas.
Sin embargo a pesar de que Gutenberg es reconocido en la actualidad, la historia del inventor estuvo atravesada por miseria, estafas y otros varios conflictos que lo perjudicaron y favorecieron a otros tantos.
Esta historia comienza cuando a los treinta años Juan Gutenberg comienza a trabajar como orfebre en Estrasburgo (Francia). Después de haber cobrado maestría en el arte de trabajar los metales, se dedicó a experimentar en el de imprimir.
Hasta ese entonces los libros solían ser escritos a mano o impresos mediante bloques de madera tallados manualmente. Pero Gutenberg tuvo la ingeniosa idea de aplicar sus conocimientos sobre el dominio de los metales e ideo unos tipos móviles que se hacían rápidamente con moldes y metal fundido. Así llevó varios años junto a sus amigos ideando el proyecto de realizar la imprenta. Pero a pesar de su esmero, no contaba con los recursos económicos suficientes para poder concretarlo.
En su afán de conseguir apoyo económico, en 1450 decide volver a su país de origen. Allí logró asociarse con el comerciante y prestamista Johanes Fust.
En sociedad con Fust, seis años después, Gutenberg logra instalar la imprenta e imprimir su primer libro: “La Biblia” de la cual editaron ciento veinte ejemplares.
Pero como todo comerciante, Fust esperaba su inmediato beneficio y en su intento de hacer pasar los trabajos por manuscritos casi les cuesta la vida a él y a su socio. No obstante, este no fue el único conflicto que debió afrontar Gutenberg, debido a que una interminable serie de dificultades con su socio no le permitieron lograr estabilidad.
Desde el punto de vista económico el humilde inventor jamás triunfó; y pasado un tiempo Fust le exigió la devolución de su préstamo y, ante la negativa, le inició un proceso judicial. Finalmente Gutenberg perdió el pleito con Fust; por lo que tuvo que entregar la imprenta y sus herramientas al comerciante, quedando él en la miseria.
En consecuencia, Gutenberg, comenzó a deambular por varios lugares de Europa hasta instalarse en Maguncia. Allí en 1465 Adolfo II, arzobispo de Maguncia y elector de Nassau, reconoció la importancia del perfeccionamiento de la imprenta y se convirtió en el tutor de Gutenberg. Allí le concede una pensión que le permitiría vivir con tranquilidad los últimos tres años de su vida.
Juan Gutenberg muere el 3 de febrero de 1468 en su ciudad natal, dejando un gran legado a la Cultura y un merecido y pugnado reconocimiento de su apellido, el cual con el fin de concretar su objetivo, debió superar varios obstáculos hasta el final de su vida, logrando quedar impreso en la Historia de forma indeleble.
*Rocío Lionello forma parte del grupo de alumnos del Seminario y Taller de Periodismo General apadrinado por La Mirada de Quilmes Oeste. En Junio, mes en el que se celebra el día del Periodista, los chicos tendrán la oportunidad de publicar en este portal las historias de todos los medios de comunicación relatadas por ellos mismos. El próximo será la Radio, relatado por María Belén Bobrovsky.




