Hoy nos queda su madre, Mar, colgada de un arnés en un box porque no puede ponerse en pie. Esa mamá, a la que no hay centímetro de su cuerpo que no le duela, hoy tiene que entender que su bebé ya no está más. Ella que estuvo junto a nosotros, dándonos ánimo. Mirándonos. Acompañándonos en cada minuto. En cada lucha por sacarlo adelante.
La misma que nos observó como tratábamos de reanimar a su bebé una y otra vez con masajes cardíacos entre lágrimas porque se nos iba y no podíamos hacer nada contra ese fatal destino.
Sabíamos desde el primer momento, cuando encontramos a su mamá totalmente postrada y con Índico atorado en el canal de parto que era un caso casi imposible. Un bebé al que solo le esperaba la muerte. Se asfixiaba dentro de la placenta que lo envolvía contra los cascotes y la mugre del lugar.
Al desprenderse la placenta, inevitablemente el transporte y el paso del oxígeno de la placenta hacia el bebé se interrumpe. La falta de oxígeno es tan grande que todos los órganos y sistemas empiezan a fallar.
Los potrillos en estas condiciones tardan 5 minutos en morir, pero ahi estaba él. Todavía respirando ¡Y mientras él luchara ninguno de nuestros veterinarios bajaría los brazos!
No hubo forma alguna de poder salvar a Indico. Nunca respondió. Ni estando intubado con oxígeno, ni pasándole plasma, ni la alimentación nasogástrica, ni la medicación, ni los antibióticos, ni el fluido pasado sin descanso alguno, ni los estímulos de su mamá. Nada. Desde el minuto cero nada pudo hacer que Índico respondiera.
Cuando decimos que los caballos en los carros no pueden existir más es por esto. Una madre carcomida hasta los huesos por el hambre sufriendo un desprendimiento de placenta.
Esa madre no podía pujar de la debilidad que tenía. No hay palabras para expresar tanta desidia. Hicimos todo lo médicamente posible y mucho más pero su cuerpo no pudo responder.
EL DOLOR DE LOS CABALLOS ES INFINITO
Te abrazamos con el alma Índico. Mar te va a seguir cuidando desde acá. - Caballos Quilmes





