La dependencia nace de la necesidad, mientras que el amor nace de la libertad.
Muchos de nosotros nos adaptamos a los cambios, mientras que para otros cambiar aún si es en algo nimio, esto supone todo un problema. E incluso todos hemos conocido gente que les cuesta tirar o desprenderse de cosas que hace años no usan, que no funcionan, y siguen acumulando o “coleccionando” a pesar de que jamás vuelven a usar o conectarse con esas cosas… La pregunta que surge es: ¿A qué se aferran?
Por otra parte también habremos visto a quienes no están bien en sus trabajos, matrimonios, amistades y sin embargo siguen allí años y años infelices y quejosos, pero no resuelven nada, y ante cada posible solución que uno les dice, ellos le encuentran un “Si, pero…” y uno se pregunta, ¿Pero por qué no cambia o le busca la vuelta en vez de quejarse?.
Muchos no se dan cuenta de que generan un apego insano con el otro y sienten una total incapacidad de renunciar a ese vínculo afectivo aunque en su interior sepan que se ha roto el amor sano. Aunque la relación limite claramente el propio desarrollo o atente contra sus valores y principios más profundos, no lo sueltan, parece que su dicho favorito fuera: “Más vale malo conocido…”
Si miramos a nuestro alrededor, veremos numerosas parejas que transitan por su amor tóxico a diario, que se hacen daño, que no son felices y aun así, incomprensiblemente siguen allí, juntos. No sueltan al otro bajo ningún concepto. La persona que sufre este tipo de amor, dedica tanto tiempo al otro que se olvida de sí misma, de cuidarse, de lo que le gusta, de lo que quiere, incluso se olvida de como es. Todo para el otro, para no perderle, para que no se vaya.
¿Por qué hacen esto?
A menudo, en la consulta la pregunta que surge es: ¿Y con todo esto que me cuentas, por qué sigues allí? ¿Por qué no te vas? ¿Qué te lo impide?
Es cierto que cuando hay hijos la decisión es más difícil, aunque no menos necesaria (pienso que si hay hijos, aún es más importante dar el paso ya que si no, con nuestra infelicidad claramente visible, les vamos a perjudicar aún más que si dejamos la relación). Sobre todo cuando hay violencia física o verbal. Pero si no hay hijos… por qué no sueltan?
La respuesta que obtengo a menudo es PORQUE LE QUIERO. Siempre tengo la esperanza de que con mi amor bastará, va a cambiar, si le doy todo, dónde encontrará otra/o que le de todo lo que yo le doy?
Y yo me pregunto ¿por qué nos gustará tanto engañarnos? ¿Por qué estamos tan desconectados de lo que sentimos en realidad? ¿Por qué a pesar de no estar bien, de no ser felices, de no sentirnos realizados, no nos vamos? ¿Por miedo? ¿Por inseguridad? ¿Por necesidad? ¿Por bienes materiales? Y mientras todo esto sigue se va la vida…
Nadie puede cambiar a nadie, cada quien puede cambiar por sí mismo si así lo desea, algunas veces con sólo proponérselo firmemente y otras veces con ayuda. Pero estate seguro/a que nadie puede cambiar a nadie.
Es necesario que te reconectes con tus emociones, que empieces a conocerte y reconocer las cosas, situaciones que te hacen sentir bien, que te hacen feliz. Haz de estar bien contigo primeramente para poder estar bien con otros.
Lic. María Maldonado MP: 61787
Terapeuta Familiar @licmmaldonado
Psicotécnicos Orientación Vocacional
Facebook: Lic. Mary Maldonado
Muchos de nosotros nos adaptamos a los cambios, mientras que para otros cambiar aún si es en algo nimio, esto supone todo un problema. E incluso todos hemos conocido gente que les cuesta tirar o desprenderse de cosas que hace años no usan, que no funcionan, y siguen acumulando o “coleccionando” a pesar de que jamás vuelven a usar o conectarse con esas cosas… La pregunta que surge es: ¿A qué se aferran?
Por otra parte también habremos visto a quienes no están bien en sus trabajos, matrimonios, amistades y sin embargo siguen allí años y años infelices y quejosos, pero no resuelven nada, y ante cada posible solución que uno les dice, ellos le encuentran un “Si, pero…” y uno se pregunta, ¿Pero por qué no cambia o le busca la vuelta en vez de quejarse?.
Muchos no se dan cuenta de que generan un apego insano con el otro y sienten una total incapacidad de renunciar a ese vínculo afectivo aunque en su interior sepan que se ha roto el amor sano. Aunque la relación limite claramente el propio desarrollo o atente contra sus valores y principios más profundos, no lo sueltan, parece que su dicho favorito fuera: “Más vale malo conocido…”
Si miramos a nuestro alrededor, veremos numerosas parejas que transitan por su amor tóxico a diario, que se hacen daño, que no son felices y aun así, incomprensiblemente siguen allí, juntos. No sueltan al otro bajo ningún concepto. La persona que sufre este tipo de amor, dedica tanto tiempo al otro que se olvida de sí misma, de cuidarse, de lo que le gusta, de lo que quiere, incluso se olvida de como es. Todo para el otro, para no perderle, para que no se vaya.
¿Por qué hacen esto?
A menudo, en la consulta la pregunta que surge es: ¿Y con todo esto que me cuentas, por qué sigues allí? ¿Por qué no te vas? ¿Qué te lo impide?
Es cierto que cuando hay hijos la decisión es más difícil, aunque no menos necesaria (pienso que si hay hijos, aún es más importante dar el paso ya que si no, con nuestra infelicidad claramente visible, les vamos a perjudicar aún más que si dejamos la relación). Sobre todo cuando hay violencia física o verbal. Pero si no hay hijos… por qué no sueltan?
La respuesta que obtengo a menudo es PORQUE LE QUIERO. Siempre tengo la esperanza de que con mi amor bastará, va a cambiar, si le doy todo, dónde encontrará otra/o que le de todo lo que yo le doy?
Y yo me pregunto ¿por qué nos gustará tanto engañarnos? ¿Por qué estamos tan desconectados de lo que sentimos en realidad? ¿Por qué a pesar de no estar bien, de no ser felices, de no sentirnos realizados, no nos vamos? ¿Por miedo? ¿Por inseguridad? ¿Por necesidad? ¿Por bienes materiales? Y mientras todo esto sigue se va la vida…
Nadie puede cambiar a nadie, cada quien puede cambiar por sí mismo si así lo desea, algunas veces con sólo proponérselo firmemente y otras veces con ayuda. Pero estate seguro/a que nadie puede cambiar a nadie.
Es necesario que te reconectes con tus emociones, que empieces a conocerte y reconocer las cosas, situaciones que te hacen sentir bien, que te hacen feliz. Haz de estar bien contigo primeramente para poder estar bien con otros.
Lic. María Maldonado MP: 61787
Terapeuta Familiar @licmmaldonado
Psicotécnicos Orientación Vocacional
Facebook: Lic. Mary Maldonado




