23 de agosto de 2015

Artículo de Análisis: Crisis = Oportunidad

El termino crisis de la mediana edad o crisis después de los 40 se usa para describir un periodo de cuestionamiento personal, que suelen ocurrir al alcanzar la mitad de la edad que se tiene como expectativa de vida. La persona siente que ha pasado la etapa de su juventud y la entrada a la madurez. En ocasiones, las transiciones que se experimentan en estos años, como el envejecimiento en general, la menopausia, el fallecimiento de los padres, de los amigos o el abandono del hogar por parte de los hijos pueden, por si solas, disparar tales crisis. El resultado puede reflejarse en el deseo de hacer cambios significativos en aspectos clave de la vida diaria o situación, tales como la carrera, el matrimonio o las relaciones románticas. En cualquier caso, no es una enfermedad; sino una fase de transición personal, que como en otras etapas cuesta adaptarse y se puede vivir con mayor o menor intensidad.
En algún momento dejamos la juventud atrás y entramos de lleno en la madurez de la vida. Para algunas personas es un momento fantástico en el cual comenzamos a disfrutar de las experiencias de nuestra vida. Para otras personas es un momento de angustia en el cual los errores acumulados crean una sensación de desesperanza y de tiempo perdido. Pero todos llegamos a un punto en el cual miramos hacia atrás y pensamos en el que ha sido y en el que pudo ser.
Así comenzamos una re-evaluación de nuestra vida. Pensamos en nuestros logros, en nuestros fracasos, en lo que hemos hecho y lo que nos queda por hacer. Nos damos cuenta de lo que está bien en nuestra vida al mismo tiempo que se amplifica en nuestra conciencia lo que nos queda por hacer. Es el punto intermedio en el cual Erik Erikson describió las etapas de intimidad versus aislamiento y generatividad versus estancamiento.
Es ese sentido de estancamiento el cual nos aterra durante la mediana edad. Nos preguntamos si "es esto todo lo que hay". Sabemos que tenemos experiencia, energía y vitalidad pero que ya no nos queda tanto tiempo. Poco a poco hacemos un inventario de nuestras vidas y encontramos lo que nos gusta y lo que no. Y es el momento en el cual tenemos que tomar una decisión: nos conformamos con el curso de nuestras vidas o buscamos un cambio.
En nuestra mediana edad miramos a nuestra pareja, trabajo, ambiente y nos preguntamos ¿es esta la persona con quien quiero vivir el resto de mi vida? ¿Es esto lo que quiero seguir haciendo el resto de mi vida? ¿es aquí donde quiero vivir el resto de nuestros días? No es que vamos a escribir el resto de nuestra vida en piedra, pero sabemos que es muchos casos es ahora o nunca.
Es por eso que alrededor de nuestros cuarenta años adquirimos un sentido de urgencia. Quizás una descripción moderna en la escala de Erikson seria complacencia versus aventura. Sabemos que no nos queda mucho tiempo antes de que la vejez nos llegue. Y no nos quede otro remedio que buscar la seguridad de lo familiar y que nuestras aventuras pasen a ser anécdotas para la próxima generación o nuestros amigos.
Si desarrollas esa crisis y no estás a gusto es el momento de cambiar. Lo bueno de las crisis es que nos dejan claro que tenemos  opción: cambiar o estancarnos hasta que nos sobrecoja la vejez. Lo malo de las crisis es que nunca son divertidas. Pero toda crisis provee una nueva oportunidad.

Lic. María Maldonado
Terapeuta Familiar – Orientación Vocacional –
 Psicotécnicos
                        MP: 61787
                        @licmmaldonado    @licmarymaldo