¿Qué pensarías si te dijera que no existen problemas “reales” y que el único problema con el que tienes es lidiar son tus pensamientos acerca de lo que estás viviendo?
Veamos más de cerca. Alguien pierde su trabajo y piensa que es un grave problema, sufre por ello y se imagina las peores situaciones. Otra persona pierde su trabajo y piensa que es una buena oportunidad para hacer lo que en realidad le gusta, para descansar e incluso para renovar energías, probándose así mismo. Las dos personas están viviendo exactamente la misma situación, han perdido el trabajo, una la ve como un problema, la otra como una oportunidad…
¿Entonces cómo puede ser que perder el trabajo sea el “problema real”? Si lo fuera, todas las personas que pierden el trabajo deberían de sentirse igual de estresadas y no es así. En realidad el único problema está en tu mente, en todas esas historias de horror que te cuentas, de lo que perder el trabajo significa. Estas historias no son reales y te impiden pensar claramente y ver las posibilidades que se presentan delante de ti.
Es una muy buena noticia saber (o por lo menos abrirte a la posibilidad) de que nada externo tiene la capacidad real de afectarte, ya que como habrás podido comprobar no está en tus manos cambiar el mundo exterior. Recién cuando descubres que la causa real de tu sufrimiento son tus pensamientos puedes poner tu energía en la dirección correcta y trabajar en lo único que puedes controlar, tu mundo interior.
Cuestiona tus pensamientos, y libérate del estrés
Y ahora que ya sabes que la fuente de tus problemas son tus pensamientos, te preguntarás ¿cómo puedo hacer para lidiar con ellos?.
Hazte las siguientes preguntas
Ubica el pensamiento que más te está estresando en estos momentos y responde a estas preguntas como si de una meditación se tratara, tómate tu tiempo, deja que las respuestas surjan del corazón, sin tanto pensar.
A modo de ejemplo utilizaremos el pensamiento “Él no me quiere como antes”.
¿Es eso verdad? , ¿Puedes saber que es verdad con absoluta certeza? ¿Cómo reaccionas, qué sucede, cuando crees ese pensamiento?
¿Cómo te hace sentir eso? ¿Cómo lo tratas a él cuando piensas eso? ¿Cómo te hace sentir este pensamiento tanto física como emocionalmente? ¿Qué sentirías y como te sentirías sin ese pensamiento? No tienes que luchar con el pensamiento, simplemente percibe como vivirías tu vida si no creyeras ese pensamiento. Cómo lo tratarías a él si no tuvieras este pensamiento.
La siguiente parte del proceso es invertir los pensamientos de la siguiente manera:
• Inviértelo a lo opuesto (inversión de 180°): “Él sí me quiere como antes”. Quédate quieta y nota todos los sentimientos que aparecen al respecto. La sola idea de confrontar esto y mirarlo directamente muchas veces requiere de valor, pero los resultados valen la pena. Cuando la mente se abre, empiezas a encontrar ejemplos donde el sí te quiere, te permite ver a los demás con otros ojos, a reconocer cosas que a veces no vemos. Es abrirnos a la posibilidad de que las cosas no son como las veníamos pensando.
• Inviértelo hacia el otro: “Yo no lo quiero como antes a él”. Encuentra ejemplos donde tú puedes hacer esto. Fíjate cómo a veces eso que queremos que los demás hagan, no nos es fácil hacer a nosotros.
• Inviértelo hacia ti mismo: “Yo no me quiero como antes”. Y esta es quizás la inversión más profunda de todas, la que te ayudará a ver cómo no te has estado prestando atención a ti misma en muchos aspectos de tu vida. Y cuando ves esto, podrás ver ¿cómo esperar que él te quiera como antes, si tú misma no lo haces? Y gracias a esto podrás empezar a hacer las enmiendas necesarias contigo.
Finalmente aquello que te molestaba en la otra persona te lleva a descubrir cosas sobre ti que de otra manera no hubieras visto. La otra persona se convierte en tu espejo y en un gran regalo.
Lic. María Maldonado
Terapeuta Familiar – Orientación Vocacional - Psicotécnicos
MP: 61787
@licmarymaldo




