15 de diciembre de 2014

Artículo de análisis: ¿El sexo débil?

Hoy más que nunca las mujeres nos hacemos cargo de todo aquello que nos toca, que son parte de infinidad de las tareas cotidianas; y también de todo aquello que "surge" como solucionar  emergencias familiares de salud o de relación.
El resultado de tan alta disponibilidad en desmedro de los espacios personales lleva a una variante de la depresión que podría definirse en muy breves palabras:"No puedo más".
 Contar el día de muchas mujeres puede resultar una tarea extenuante; pero para muchas personas más aún: inverosímil.
Por lo general realiza tareas dobles, ya que la que  está haciendo es el preludio de alguna otra como preparar la cena dejando  organizada  la comida  del día siguiente para cuando está  en su trabajo.
Cada movimiento incluye la previsión de  otro: colaborar con la tarea de los niños mientras lava la ropa va cumpliendo su programa y ella piensa en los trámites que debe preparar para la firma del contrato del día siguiente para el cual ya tiene su ropa preparada .Apunta las medicinas que deberá comprar a su madre y planifica las actividades del día siguiente mientras toma una ducha aprovechando para dejar la bañera limpia y las toallas cambiadas. 
Su jornada transcurre siempre entre cuatro o cinco tareas a un tiempo y transmitiendo la sensación de que puede eso y más y esa fuerza se transforma en un desafío personal: creer y mostrar que pueden todo. Como si el hacerse cargo de, absolutamente todo, pesara como una espada de Damocles, como un destino del cual no se pueden apartar hasta ese día en que esa enfermedad, agazapada, emerge como “No doy más, que me pasa?”
Hacerse cargo de todo, que todo pase por sus manos es, además, y para mayor incidencia en la aceptación de su rol, un mandato social.
 Esto es no es un caso aislado, sino que describe una escena cotidiana para muchas mujeres.
No es fácil encontrar mujeres que hablen de su agotamiento. Apenas se plantea el tema  muchas advierten: "Es lo que me pasa a mí",  pero a la hora de poner en palabras ese malestar priman los sentimientos de vergüenza. Es que para ellas, el cansancio es algo íntimo.
Quieren demostrarse y demostrar que pueden con todo.

Hablamos de una mujer agotada, con un desgaste de energía al servicio del funcionamiento de una familia tan desmesurado que no queda resto para ella misma.
Una persona que queda sin energía para sí misma no puede no sólo hacerse cargo de sus necesidades sino que tampoco podrá defender lo propio y hasta no percibir que hay algo que le es propio.
Estas altísimas exigencias son producto de un mandato social, de una necesidad familiar donde nadie más se hace cargo de nada o no hay posibilidad de que alguien colabore en la resolución de las tareas pero también puede ser una imposición personal motivada por una escala de valores determinada que hace que todo deba pasar por su control.
Sea por elección, por  sistemas de valores económicos o pautas sociales, la energía se reduce y los mecanismos necesarios para enfrentar otras situaciones se van perdiendo.
Cuando una mujer se siente agotada disminuye sus recursos y los demás no perciben que lo que le pasa es que está exhausta: creen que tiene sueño, que es por el clima o hasta que está con la regla.
Ella, por su parte no termina de captar el nivel de agotamiento y cansancio que constituye la base de esta patología, tan importante, que no tratada puede conducir a despersonalización y depresión.
                     
No se trata de resignar lugares como el cuidado de los hijos  o la vocación, de lo que se trata es de asignar prioridades y compartir responsabilidades.
La propuesta es prestar más atención a las propias necesidades, para dejar de correr como una mujer bombera ante las demandas de los demás. El objetivo es comenzar un camino que desande el agotamiento para encontrar que se puede vivir sin intentar tapar todos los agujeros. Claro que habrá que renunciar a poderlo todo, pero la sensación de agobio, de cansancio infinito, irá cediendo, hasta desaparecer.

Una cosa por vez y pide ayuda.
                                                                                                               

                                                                                                                            Lic. María Maldonado   MP: 61787
Terapeuta Familiar – Orientación Vocacional – Psicotécnicos
@licmarymaldo