Dos ladrones armados abordaron una pizzería de Quilmes. Uno se quedó de guardia apuntando a los empleados, mientras el otro se guardó toda la plata del local.
Quien estaba de guardia mostraba un estado de nerviosismo y apuraba una y otra vez al que estaba juntando la plata.
Cuando el que había tomado la plata se propone a retirarse del local, pasa por al lado de una pizza que estaba cortada e intenta agarrarse una porción. Pero se pega su mano con un vidrio del mostrador y la comida cae en un plato de madera, por lo que al menos se frustró el deseo del ladrón de terminar el robo con la ingesta de una pizza.





