Declararon de “Interés Público” las actividades de la comisión “Pro destitución” de Casanello
ESTE VIERNES, EL CONCEJO DELIBERANTE SESIONÓ Y APROBÓ LA DECLARACIÓN DE “INTERÉS PÚBLICO” DE LAS ACTIVIDADES DE LA COMISIÓN “PRO DESTITUCIÓN” DEL CAMARISTA Y EX INTENDENTE DE FACTO, JULIO CASANELLO.
Dentro del recinto, el edil Mario Sahagun, uno de los autores del proyecto, indicó: “En primer lugar, saludo que hayamos podido estar hoy aquí, todos sentados y de acuerdo en tratar un tema que se ha tornado desde hace tiempo una verdadera obligación institucional y moral.
Me parece importante hoy, a la luz de la forma en la que se han ordenado y reordenado los acontecimientos, señalar que está claro que no estamos acá usando nuestras bancas para avanzar sobre la constitución de un Poder que es, por definición, aquel al que todos en definitiva debemos someternos.
Estamos acá para decir lo nuestro, y lo nuestro, lo que nos compete, es reafirmar acompañamiento y apoyo a la tarea de una comisión que, respetuosa de la ley y conocedora de sus mecanismos, trabaja por un Jury de Enjuiciamiento que repare el verdadero accidente histórico que significa que un colaboracionista de la dictadura sea Juez.
La sociedad está despertando, y la sirena esclarecedora está una vez más en manos de las organizaciones sociales, gremiales y de derechos humanos que son las incuestionables dueñas del mérito de ir recuperando a la comunidad de sus miserias.
Ellos son quienes han militado, sostenido y promovido una lucha sin cuartel por el reparo institucional a los crímenes de la dictadura.
Ellos han sido a lo largo de todos éstos años, aquel tábano al que la simbología del pensamiento ha otorgado el rol de obligar a sostenerse despiertos a los estamentos que muchas veces por su propia dinámica, tienden al sueño.
Julio Casanello Juez es una contradicción ética, moral y también legal, a ésta altura del desarrollo normativo.
Hace algunos días, tras el acto en las puertas de la Cámara donde presta funciones el colaboracionista, sucedieron dos cosas que no son menores.
La primera de ellas fue una especie de amenaza personal hacia uno de los integrantes de la Comisión, gesto que provino de un familiar directo del funcionario de facto.
La segunda, un pronunciamiento que parecía corporativo, por parte de las autoridades del Colegio de Magistrados, en el que claramente se quitaba legitimidad a la tarea de ésta comisión.
Dos hechos que intentaron cortar la línea del discurso unanime de repudio, pero que fallaron, el primero por ser un claro reflejo de una furia personal y aislada, y el segundo porque fueron los propios magistrados integrantes del colegio los que, con respeto, despegaron de la postura de su cùpula.
Julio Casanello debe ser destituído para que la Justicia le pida las explicaciones que corresponden sobre las desapariciones de los vecinos Gomez y Barreta.
Julio Casanello debe ser destituído porque su responsabilidad activa o tácita en los crímenes cometidos durante su gestión como interventor de facto, existió y existe.
Julio Casanello debe ser destituído porque carece de legitimidad moral y legal para impartir Justicia.
Julio Casanello debe ser destituído porque no hay depuración institucional posible si los Poderes están integrados por sediciosos.
Voy a hacer un pequeño paréntesis para que nos permitamos el ejercicio de pensar que cuando el abogado Casanello asumió, ya había sido asesinado por ejemplo, su colega Sergio Karakachoff, que tantas veces buscó en Quilmes junto a su amigo el doctor Ricardo Cornaglia, algún refugio a la persecución y al miedo.
Sigo con el ejercicio de pensar que asumió para gobernar un distrito en plena sintonía con su predecesor, dentro de un palacio municipal en el que, por ejemplo, faltaban Enrique Pocetti desde febrero de 1977 y Raul LLanes desde julio de 1978.
La teoría de la inocencia intelectual de Casanello es tan endeble y ofensiva que no resiste más consideración.
Es, claramente, un indigno. Y debe irse. No voluntariamente. Tiene que hacerlo destituído, juzgado y condenado porque hay un lugar del que si con certeza no se vuelve: el de la sangre. Fuera Casanello.”
Me parece importante hoy, a la luz de la forma en la que se han ordenado y reordenado los acontecimientos, señalar que está claro que no estamos acá usando nuestras bancas para avanzar sobre la constitución de un Poder que es, por definición, aquel al que todos en definitiva debemos someternos.
Estamos acá para decir lo nuestro, y lo nuestro, lo que nos compete, es reafirmar acompañamiento y apoyo a la tarea de una comisión que, respetuosa de la ley y conocedora de sus mecanismos, trabaja por un Jury de Enjuiciamiento que repare el verdadero accidente histórico que significa que un colaboracionista de la dictadura sea Juez.
La sociedad está despertando, y la sirena esclarecedora está una vez más en manos de las organizaciones sociales, gremiales y de derechos humanos que son las incuestionables dueñas del mérito de ir recuperando a la comunidad de sus miserias.
Ellos son quienes han militado, sostenido y promovido una lucha sin cuartel por el reparo institucional a los crímenes de la dictadura.
Ellos han sido a lo largo de todos éstos años, aquel tábano al que la simbología del pensamiento ha otorgado el rol de obligar a sostenerse despiertos a los estamentos que muchas veces por su propia dinámica, tienden al sueño.
Julio Casanello Juez es una contradicción ética, moral y también legal, a ésta altura del desarrollo normativo.
Hace algunos días, tras el acto en las puertas de la Cámara donde presta funciones el colaboracionista, sucedieron dos cosas que no son menores.
La primera de ellas fue una especie de amenaza personal hacia uno de los integrantes de la Comisión, gesto que provino de un familiar directo del funcionario de facto.
La segunda, un pronunciamiento que parecía corporativo, por parte de las autoridades del Colegio de Magistrados, en el que claramente se quitaba legitimidad a la tarea de ésta comisión.
Dos hechos que intentaron cortar la línea del discurso unanime de repudio, pero que fallaron, el primero por ser un claro reflejo de una furia personal y aislada, y el segundo porque fueron los propios magistrados integrantes del colegio los que, con respeto, despegaron de la postura de su cùpula.
Julio Casanello debe ser destituído para que la Justicia le pida las explicaciones que corresponden sobre las desapariciones de los vecinos Gomez y Barreta.
Julio Casanello debe ser destituído porque su responsabilidad activa o tácita en los crímenes cometidos durante su gestión como interventor de facto, existió y existe.
Julio Casanello debe ser destituído porque carece de legitimidad moral y legal para impartir Justicia.
Julio Casanello debe ser destituído porque no hay depuración institucional posible si los Poderes están integrados por sediciosos.
Voy a hacer un pequeño paréntesis para que nos permitamos el ejercicio de pensar que cuando el abogado Casanello asumió, ya había sido asesinado por ejemplo, su colega Sergio Karakachoff, que tantas veces buscó en Quilmes junto a su amigo el doctor Ricardo Cornaglia, algún refugio a la persecución y al miedo.
Sigo con el ejercicio de pensar que asumió para gobernar un distrito en plena sintonía con su predecesor, dentro de un palacio municipal en el que, por ejemplo, faltaban Enrique Pocetti desde febrero de 1977 y Raul LLanes desde julio de 1978.
La teoría de la inocencia intelectual de Casanello es tan endeble y ofensiva que no resiste más consideración.
Es, claramente, un indigno. Y debe irse. No voluntariamente. Tiene que hacerlo destituído, juzgado y condenado porque hay un lugar del que si con certeza no se vuelve: el de la sangre. Fuera Casanello.”




