Agustina Ibarra, de 27 años, fue asesinada de un disparo el pasado martes 13 por la noche en su casa de Villa El Monte, Quilmes. Según relató su familia, los atacantes irrumpieron en la vivienda y le efectuaron el disparo mortal. Aunque fue trasladada de urgencia al Hospital de Quilmes por una ambulancia, los médicos no lograron reanimarla. En el mismo ataque, una mujer de 67 años resultó herida y permanece internada.
La familia de la víctima acusa directamente a los integrantes de otra familia del barrio. Los señalan por comercializar estupefacientes en el barrio y afirman que el crimen fue una represalia: "La mataron porque venimos denunciando que tienen un búnker y usan a menores", aseguraron. Los allegados a Agustina escracharon a los sospechosos en redes sociales con nombres, apellidos y fotos, y exigen la detención de todo el clan.
La denuncia vecinal incluye graves acusaciones de complicidad y protección de la Comisaría Primera, dependencia a la que hacen responsable por ignorar las alertas previas. Detallan que la familia denunciada cuenta con miembros dentro de las fuerzas de seguridad (se confirmó el vínculo de dos mujeres policías, una de la Bonaerense y otra de la Federal, además de un tercer hombre) y que operan impunemente usurpando viviendas y manejando una red de prestamistas que extorsionan a los vecinos.
El violento episodio derivó en un caos vecinal tras los llamados a los servicios de emergencia. Al arribar, los primeros patrulleros fueron recibidos a los tiros, lo que provocó el incendio de un móvil policial y requirió la intervención de los Bomberos de Bernal. Este miércoles al mediodía, fuerzas de seguridad desplegaron un fuerte operativo e ingresaron al barrio.
Mientras los vecinos de Villa El Monte claman por auxilio ante el avance del narcotráfico y exigen la intervención urgente del Municipio y de la Policía, la Justicia mantiene una hipótesis preliminar cautelosa: para los funcionarios judiciales intervinientes, el caso está siendo investigado inicialmente como un "conflicto vecinal".
Agustina tenía dos hijos y trabajaba diariamente para un recolector informal de residuos. Su familia y el barrio exigen justicia de manera urgente.
