Según los testimonios, la planta trabaja las 24 horas. Esto implica que las vibraciones de impacto y los ruidos metálicos no cesan durante la madrugada, impidiendo el descanso básico de las familias aledañas.
"No queremos exagerar, pero esto viene de hace 20 años bajo distintos nombres de empresas, pero con el mismo perjuicio", explica uno de los afectados. Lo que antes era una molestia tolerable, hoy es un martirio constante potenciado por el movimiento ininterrumpido de maquinaria pesada.
El dato más preocupante es el entorno social de la fábrica. La planta comparte manzana con un complejo educativo que incluye un jardín de infantes, una escuela primaria y una secundaria.
"Hay un movimiento constante de chicos en la zona. Que haya autoelevadores y camiones maniobrando en la vereda mientras los nenes entran o salen de la escuela es una tragedia anunciada", advierten los denunciantes. A esto se suma el clima de tensión: recientemente, se registraron imágenes de operarios de la empresa en actitudes prepotentes y violentas hacia vecinos de avanzada edad que intentaban reclamar por el bloqueo de sus ingresos.
"Vista gorda" y falta de respuestas de Municipio
A pesar de las reiteradas llamadas al Centro de Emergencias Quilmes, la respuesta oficial ha sido nula o ineficiente. Los vecinos relatan con indignación episodios recientes: "Llamamos, vino la Guardia Urbana, pero solo doblaron en la esquina y se retiraron sin siquiera bajar a ver lo que estaba pasando".
Esta sensación de desprotección ha llevado a la comunidad a reunir pruebas —fotos y videos de las maniobras diarias— para visibilizar lo que consideran una connivencia entre la empresa y las autoridades municipales. "Estamos cansados, nadie nos da pelota y ya no sabemos a quién recurrir para poder vivir en paz", concluye el reclamo.

