María Aguirre tiene 59 años y vive en el Barrio Mataderos, uno de los barrios más carenciados de Quilmes
MARÍA NARRA UN POCO SOBRE SU HISTORIA DE VIDA, SU INFANCIA, SU LLEGADA A BUENOS AIRES, CÓMO FORMÓ SU FAMILIA Y SOBRE SU MAYOR ORGULLO: SUS “HIJOS DEL CORAZÓN”, POR LOS CUALES DEMOSTRÓ TENER TANTO PARA ELLOS, INCLUSIVE SIN TENERLO. A ELLOS LES DIO UN LUGAR EN SU VIDA MUY GRANDE Y, CON LA FORMACIÓN DE UN COMEDOR EN SU BARRIO, CONSIGUIÓ QUE MUCHOS DE ESOS NIÑOS CUBRAN MUCHAS DE SUS CARENCIAS. EN ESTA ENTREVISTA “DOÑA MARI” NOS CUENTA SU EXPERIENCIA.
Rosana Pucheta: Mari contanos dónde naciste, ¿Con quién vivías? ¿Tenías hermanos?
María Aguirre: En corrientes Capital, creo que fueron mis padres, yo recuerdo que éramos cuatro hermanos. Cuando tenía 8 años me regaló mi mamá, siempre digo que era mi supuesta mamá. Me regalo a una señora que vivía en capital. Mi infancia fue muy dura me falto cariño, amor, ternura ni siquiera cuando más necesite estuvieron ni mi mamá ni ninguno de mi familia. Nunca más supe de ella ni nada así que me crié sola sin cariño sin amor sin nada de eso. Siempre me dije el día de mañana que yo tenga mis hijos lo que yo no tuve se lo voy a dar a mis hijos y siempre me dio por los chicos. Chicos golpeados, agresivos los padres los maltratan, los mandan a pedir y ahí fue mi idea de crear este comedor.
Le pedí siempre a Dios esa fuerza y ahí empecé a luchar con nada, yo no tenía dinero para hacerlo. Así llegué a la Universidad -de Quilmes- vine a pedir los papeles blancos para poder vender y ahí conocí a Sonia y a Mario (ambos estudiantes de la UNQ e integrantes de la Agrupación Crisis). Muchos chicos más estaban pero no me acuerdo los nombres. Me hicieron una encuesta social de cómo era el comedor por el tema de la súper sopa. La empresa Pardele me donaba 232 latas por mes de súper sopa. Yo siempre pedí que se acerquen a ver, a veces la gente piensa que uno pide por pedir o hay muchas personas que no les gusta que le pidan para no dar. Pero creo que desde que empecé todos me conocen. Hasta hice una nota en el diario para que me conozcan y vean la realidad, lo que está pasando y todos me preguntan ¿Por qué hago esto? Y respondo yo tengo un buen corazón si pudiera darle mucho más a los chicos si pudiera tener lo haría.
Mariela Méndez: ¿Cómo empezaste a formar el comedor?
María: Y… todo a pulmón fue un esfuerzo muy grande. Nos costó muchísimo a nosotros. Pelear, luchar, pedir en todos lados. La empresa Pardale, la fábrica de cartón me donaron maderas, las chapas. Además, nosotros hacíamos rifas, comidas las vendíamos y todo lo que recaudábamos comprábamos clavos, el cemento, armábamos los bancos porque al principio comían sentados en el piso y era todo de tierra. Trabajamos duro todos, mujeres que no sabían hacer nada ni agarrar un martillo ni nada yo les enseñaba a ellas que tenían que hacer.
Para mí con lo que hago me siento bien, a lo mejor porque nunca tuve nada entonces creo que Dios me dice que tengo que hacer el bien por esos chicos. Y a muchos chicos le enseñe educación, respeto, limpieza. Sigo luchando no sé hasta cuando, me gustaría que esto no se termine nunca que siga y que haya un poquito más de mejoría para los chicos que están con la droga y volver abrir el comedor.
La mayoría de los chicos no está yendo a la escuela y no comen. Cuando estaba mi comedor entraba a las cinco de la mañana prendía el fuego, a las seis entraba la cocinera y ponía la leche a calentar. Cinco Kg. de harina teníamos que amasar y se comían todas las tortas fritas porque no les gustaba el pan. Nosotros comprábamos por mes por lo menos 4 bolsas de harina, bolsas grandes pero todo a pulmón nada del estado.
M. Méndez: Entonces María el comedor era como tu segunda familia… y la tuya ¿Cómo la formaste?
María: Mis hijos son todo y toda mi vida, yo dije el día que tenga un hijo va a ser imposible que se crié como me crié, sin cariño, sin ternura. Si estaba enferma no tenía a quién irle a llorar o si me dolía la cabeza no podía decir “mamá me duele la cabeza”. Es muy feo criarse sin una persona al lado. El comedor es mi familia, con los chicos que yo quiero. Quisiera volver a hacer tantas cosas por esos chicos. Soy una mujer que lo poco que sabe lo trata de enseñar a los chicos para que sigan creciendo con honestidad. Por más pobres que sean no hace falta tener dinero, pero sí tener un padre que los guíe. Hoy por hoy eso es lo que hago con los chicos.
R. Pucheta: ¿Cuándo paraste con el comedor?
María: Tenía un sereno que vivía ahí en el comedor y una noche se fue para la casa. Al otro día temprano abrí y faltaba la cocina. Por donde entraron… si la puerta estaba cerrada, por la casa del vecino habían entrado. Al robarle al vecino y ver que no había nadie en el comedor me desclavaron la madera y entraron. Me robaron todo, tenía una bronca, una tristeza, no por mí sino porque eran cosas de los chicos. Ese día no le dimos de comer, no le dimos leche, nada. A mi me agarró depresión de tantos nervios porque nos costó comprar con todas las mamás esas cosas y que venga otro, que nos sacó todo. Eso a mí me bajoneó mucho, mucha bronca tuve. Si yo pudiera ver quien fue no respondo de mí. Esos chicos dejaron de comer ese día. Después nos bajaron del plan y avisé también a la empresa Pardale que me retenga la súper sopa porque me habían robado todo. Usábamos 4 latas por día, la necesidad era muy grande los chicos de 2, 3 años comían como los grandes, y hoy nos está pasando eso.
La municipalidad no me quería dar comodato para la cooperativa. Mande una carta a la presidenta me contestó que me iba a atender la cuñada. Tuvimos una charla y dijo que mandaba un coordinador. El coordinador vino al barrio, saco fotos hizo una nota y me dijo mañana vuelvo y traigo las cosas, nunca más volvió. Y eso me da impotencia por eso no le quiero pedir al gobierno. Tienen más corazón ustedes es la realidad. Vivimos en un barrio muy carenciado y ellos no se preocupan.
Tenía chicos desnutridos ahí y ellos decían que no y sí, hay. Estamos como otros años atrás. Ojala algún día pudiera volver a armar ese comedor para poder darle de comer a esos chicos.
M. Méndez: ¿Cómo fue la experiencia más allá de las faltas? Seguramente tendría su lado bueno para usted y para los chicos…
María: Para mí fue algo muy lindo. Aprendí con ellos de ese dolor que lleve en mi niñez, a pensar con ellos los que les pasaba. Era como la mamá, su tía, su hermana y los chicos estaban conformes, contentos. Les hablaba cuando no tenían con quien hablar. Hay muchos chicos que los papás los abandonan y es feo estar así, los dejan y se crían sin amor. A los chicos los tomé como parte mía, el día que me case dije voy a tener 15, 20 hijos y bueno, Dios me dio 5 hijos y todos los chicos del comedor que tuve son hijos de Dios. Los puso en mi camino para poder darle mi poca experiencia y mi amor.
Me sentía bien y feliz con ellos si puedo seguir haciendo por ellos algo más, acá estoy. Uno hace el bien y le devuelven el doble, no tengo nada de que quejarme y le agradezco a todos los chicos de la Universidad (Agrupación Crisis) también porque ellos son maravillosos. De mi parte no tengo palabras tengo una deuda externa con ellos porque es muy grande.
La verdad que llegué a ellos y me ayudaron mucho. Ellos se toman el trabajo de venir a mi casa de estar con los chicos, de jugar y yo valoro mucho eso porque no tiene precio. Son chicos que están en otra situación vienen a estudiar a buscar un título. Están buscando algo más no tienen la obligación de meterse en un barrio a ayudar. Siempre fueron iguales a nosotros nunca vi la diferencia son maravillosos. Me hablan, charlamos me siento bien tocando las manos con el cielo como ellos están estudiando y yo no tengo nada no sé leer ni escribir; vivo donde vivo y van a mi casa a visitar, eso a uno lo sorprende mucho y tiene valor para mí, así que nunca me voy a olvidar de esto de todos los chicos y lo que hacen. Ojala que sigan siendo así y algo mejor por su vida, y su carrera. Muchos de ellos sueñan y bueno eso a mi me pone bien me pone mal porque se van y no los puedo despedir cuando se reciben nada más. (silencio prolongado)
Y bueno, esa es toda, mi vida de lucha.
María nos mostró el otro lado de una vida de lucha. Sus faltas quedaron desplazadas por el amor que le brindaron “sus chicos” del comedor como ella los llama. Éste es sólo un fragmento de la entrevista. Contó anécdotas con los chicos del comedor. Nos mostró el lado gratificante de ayudarlos y el lado difícil a la hora de esperar ayuda para los problemas que atraviesan día a día en su barrio.
MARÍA NARRA UN POCO SOBRE SU HISTORIA DE VIDA, SU INFANCIA, SU LLEGADA A BUENOS AIRES, CÓMO FORMÓ SU FAMILIA Y SOBRE SU MAYOR ORGULLO: SUS “HIJOS DEL CORAZÓN”, POR LOS CUALES DEMOSTRÓ TENER TANTO PARA ELLOS, INCLUSIVE SIN TENERLO. A ELLOS LES DIO UN LUGAR EN SU VIDA MUY GRANDE Y, CON LA FORMACIÓN DE UN COMEDOR EN SU BARRIO, CONSIGUIÓ QUE MUCHOS DE ESOS NIÑOS CUBRAN MUCHAS DE SUS CARENCIAS. EN ESTA ENTREVISTA “DOÑA MARI” NOS CUENTA SU EXPERIENCIA.
Rosana Pucheta: Mari contanos dónde naciste, ¿Con quién vivías? ¿Tenías hermanos?
María Aguirre: En corrientes Capital, creo que fueron mis padres, yo recuerdo que éramos cuatro hermanos. Cuando tenía 8 años me regaló mi mamá, siempre digo que era mi supuesta mamá. Me regalo a una señora que vivía en capital. Mi infancia fue muy dura me falto cariño, amor, ternura ni siquiera cuando más necesite estuvieron ni mi mamá ni ninguno de mi familia. Nunca más supe de ella ni nada así que me crié sola sin cariño sin amor sin nada de eso. Siempre me dije el día de mañana que yo tenga mis hijos lo que yo no tuve se lo voy a dar a mis hijos y siempre me dio por los chicos. Chicos golpeados, agresivos los padres los maltratan, los mandan a pedir y ahí fue mi idea de crear este comedor.
Le pedí siempre a Dios esa fuerza y ahí empecé a luchar con nada, yo no tenía dinero para hacerlo. Así llegué a la Universidad -de Quilmes- vine a pedir los papeles blancos para poder vender y ahí conocí a Sonia y a Mario (ambos estudiantes de la UNQ e integrantes de la Agrupación Crisis). Muchos chicos más estaban pero no me acuerdo los nombres. Me hicieron una encuesta social de cómo era el comedor por el tema de la súper sopa. La empresa Pardele me donaba 232 latas por mes de súper sopa. Yo siempre pedí que se acerquen a ver, a veces la gente piensa que uno pide por pedir o hay muchas personas que no les gusta que le pidan para no dar. Pero creo que desde que empecé todos me conocen. Hasta hice una nota en el diario para que me conozcan y vean la realidad, lo que está pasando y todos me preguntan ¿Por qué hago esto? Y respondo yo tengo un buen corazón si pudiera darle mucho más a los chicos si pudiera tener lo haría.
Mariela Méndez: ¿Cómo empezaste a formar el comedor?
María: Y… todo a pulmón fue un esfuerzo muy grande. Nos costó muchísimo a nosotros. Pelear, luchar, pedir en todos lados. La empresa Pardale, la fábrica de cartón me donaron maderas, las chapas. Además, nosotros hacíamos rifas, comidas las vendíamos y todo lo que recaudábamos comprábamos clavos, el cemento, armábamos los bancos porque al principio comían sentados en el piso y era todo de tierra. Trabajamos duro todos, mujeres que no sabían hacer nada ni agarrar un martillo ni nada yo les enseñaba a ellas que tenían que hacer.
Para mí con lo que hago me siento bien, a lo mejor porque nunca tuve nada entonces creo que Dios me dice que tengo que hacer el bien por esos chicos. Y a muchos chicos le enseñe educación, respeto, limpieza. Sigo luchando no sé hasta cuando, me gustaría que esto no se termine nunca que siga y que haya un poquito más de mejoría para los chicos que están con la droga y volver abrir el comedor.
La mayoría de los chicos no está yendo a la escuela y no comen. Cuando estaba mi comedor entraba a las cinco de la mañana prendía el fuego, a las seis entraba la cocinera y ponía la leche a calentar. Cinco Kg. de harina teníamos que amasar y se comían todas las tortas fritas porque no les gustaba el pan. Nosotros comprábamos por mes por lo menos 4 bolsas de harina, bolsas grandes pero todo a pulmón nada del estado.
M. Méndez: Entonces María el comedor era como tu segunda familia… y la tuya ¿Cómo la formaste?
María: Mis hijos son todo y toda mi vida, yo dije el día que tenga un hijo va a ser imposible que se crié como me crié, sin cariño, sin ternura. Si estaba enferma no tenía a quién irle a llorar o si me dolía la cabeza no podía decir “mamá me duele la cabeza”. Es muy feo criarse sin una persona al lado. El comedor es mi familia, con los chicos que yo quiero. Quisiera volver a hacer tantas cosas por esos chicos. Soy una mujer que lo poco que sabe lo trata de enseñar a los chicos para que sigan creciendo con honestidad. Por más pobres que sean no hace falta tener dinero, pero sí tener un padre que los guíe. Hoy por hoy eso es lo que hago con los chicos.
R. Pucheta: ¿Cuándo paraste con el comedor?
María: Tenía un sereno que vivía ahí en el comedor y una noche se fue para la casa. Al otro día temprano abrí y faltaba la cocina. Por donde entraron… si la puerta estaba cerrada, por la casa del vecino habían entrado. Al robarle al vecino y ver que no había nadie en el comedor me desclavaron la madera y entraron. Me robaron todo, tenía una bronca, una tristeza, no por mí sino porque eran cosas de los chicos. Ese día no le dimos de comer, no le dimos leche, nada. A mi me agarró depresión de tantos nervios porque nos costó comprar con todas las mamás esas cosas y que venga otro, que nos sacó todo. Eso a mí me bajoneó mucho, mucha bronca tuve. Si yo pudiera ver quien fue no respondo de mí. Esos chicos dejaron de comer ese día. Después nos bajaron del plan y avisé también a la empresa Pardale que me retenga la súper sopa porque me habían robado todo. Usábamos 4 latas por día, la necesidad era muy grande los chicos de 2, 3 años comían como los grandes, y hoy nos está pasando eso.
La municipalidad no me quería dar comodato para la cooperativa. Mande una carta a la presidenta me contestó que me iba a atender la cuñada. Tuvimos una charla y dijo que mandaba un coordinador. El coordinador vino al barrio, saco fotos hizo una nota y me dijo mañana vuelvo y traigo las cosas, nunca más volvió. Y eso me da impotencia por eso no le quiero pedir al gobierno. Tienen más corazón ustedes es la realidad. Vivimos en un barrio muy carenciado y ellos no se preocupan.
Tenía chicos desnutridos ahí y ellos decían que no y sí, hay. Estamos como otros años atrás. Ojala algún día pudiera volver a armar ese comedor para poder darle de comer a esos chicos.
M. Méndez: ¿Cómo fue la experiencia más allá de las faltas? Seguramente tendría su lado bueno para usted y para los chicos…
María: Para mí fue algo muy lindo. Aprendí con ellos de ese dolor que lleve en mi niñez, a pensar con ellos los que les pasaba. Era como la mamá, su tía, su hermana y los chicos estaban conformes, contentos. Les hablaba cuando no tenían con quien hablar. Hay muchos chicos que los papás los abandonan y es feo estar así, los dejan y se crían sin amor. A los chicos los tomé como parte mía, el día que me case dije voy a tener 15, 20 hijos y bueno, Dios me dio 5 hijos y todos los chicos del comedor que tuve son hijos de Dios. Los puso en mi camino para poder darle mi poca experiencia y mi amor.
Me sentía bien y feliz con ellos si puedo seguir haciendo por ellos algo más, acá estoy. Uno hace el bien y le devuelven el doble, no tengo nada de que quejarme y le agradezco a todos los chicos de la Universidad (Agrupación Crisis) también porque ellos son maravillosos. De mi parte no tengo palabras tengo una deuda externa con ellos porque es muy grande.
La verdad que llegué a ellos y me ayudaron mucho. Ellos se toman el trabajo de venir a mi casa de estar con los chicos, de jugar y yo valoro mucho eso porque no tiene precio. Son chicos que están en otra situación vienen a estudiar a buscar un título. Están buscando algo más no tienen la obligación de meterse en un barrio a ayudar. Siempre fueron iguales a nosotros nunca vi la diferencia son maravillosos. Me hablan, charlamos me siento bien tocando las manos con el cielo como ellos están estudiando y yo no tengo nada no sé leer ni escribir; vivo donde vivo y van a mi casa a visitar, eso a uno lo sorprende mucho y tiene valor para mí, así que nunca me voy a olvidar de esto de todos los chicos y lo que hacen. Ojala que sigan siendo así y algo mejor por su vida, y su carrera. Muchos de ellos sueñan y bueno eso a mi me pone bien me pone mal porque se van y no los puedo despedir cuando se reciben nada más. (silencio prolongado)
Y bueno, esa es toda, mi vida de lucha.
María nos mostró el otro lado de una vida de lucha. Sus faltas quedaron desplazadas por el amor que le brindaron “sus chicos” del comedor como ella los llama. Éste es sólo un fragmento de la entrevista. Contó anécdotas con los chicos del comedor. Nos mostró el lado gratificante de ayudarlos y el lado difícil a la hora de esperar ayuda para los problemas que atraviesan día a día en su barrio.
